LA CALLE STEGMANN
Para mirar las tres únicas acacias,
Y esas hojas grandes como manos abiertas, tiesas, de color verde claro en los
corpulentos plátanos
la corteza correosa, blanquecina,
manchada por nuestras inscripciones
y por el desprendimiento continuo
en trozos, en placas irregulares
quebradizas.
Oler y meternos en la boca las cabezuelas ásperas
de los frutos un poco amargos;
fabricar con ellas látigos,
boleadoras.
No descartes la rima,
tip... tip...
no descartes los juegos de palabras;
tip... tip...
tampoco la pequeña plegaria
entre sístole y diástole;
tampoco
esa repetición sonora que finge
medir el tiempo de las sensaciones.
Nada tiene de singular la calle Stegmann
salvo cada adoquín, cada hojita,
cada ruido, cada color,
cada voz incluso oída tan sólo al paso
y salvo la luz: poder correr en ella de uno a otro
extremo
El sentido de la calle
¿no es el mismo del verso?: verso, versus
Ir hacia adelante, es decir,
hacia atrás;
conocer en cada rostro el del amigo vivo,
en cada palabra la penúltima inerte,
raptada del sueño.
En un extremo hay agua: pasa el arroyo frío,
hay tréboles, berros flotantes,
sauces mimbreros,
Y en el otro la silueta aún deforme y
oscura
de la vieja calera de Pellegrinelli contra
el oeste fantasma. Fantasma.
ninguna precisión sino pura luminiscencia,
puros puntos de fuga.
Pero frente a tu casa, abarcando la esquina,
está la talabartería de NazzarenoTraversini.
Sus dos enormes Singer con los cueros,
las pretinas pasando
entre las risotadas de los muchachos
que lo ayudan;
por ahí entra un carro con cascabeles,
un silencioso Plymouth mod. 36,
una Ford A de ningún año...tip...
tip...
y un chico con su padre cargando una pequeña montura para el supuesto caballito
(...entran por la arcada de las ramas
sombrías...)
El olor,
lo sueño.
Palabras que esos seis hombres me dirigieron alguna vez.
Ya no recuerdo más
que un murmullo,
los acentos de un murmullo,
incluso el de Raúl,
el más pequeño de los talabarteros.
tip... tip...
Aquella vieja sentada en la puerta
es doña Dorotea Miganne y le habla
a un hombrecito vestido de deportista
con una raqueta en la mano. Pichín,
el hijo.
(Las chicas están adentro.)
tip... tip...Mirá. Mirá bien ahora.
...hay una enceguecedora
Kawasaki Vulcan EN 500.
tip...tip...
—: "¡No chupes esas bolitas del árbol
que te va a dar alergia!"
tip... tip...
Allá lo de Merlotti
tip... tip...
y abajo lo de Larceri
tip... tip...
Allá lo de Arnaude...
Frente al Banco están la billetería de Becqui
(hermano del cigarrero)
y la tienda La Marina
(que fue lo de Fernández Acquiert donde le compraste a la maestra de primero superior, doña Margarita Bartola Shedden Funk de Martínez,
un platito que tenía pegadas unas guindas
y
una inscripción que decía: "En boca cerrada
no entran moscas".
tip... tip...
joyería Larrouy e Hijos
tip... tip...
¿Ves ese cartel con una bota negra
gigante... con las letras en blanco?
Es la zapatería La Victoria,
de don Isidoro María Mariano Grasso.
Tiene una especie de altar para lustrarse.
Allí Pancho lo lustró a Gardel
cuando vino a cantar a Pringles.
Allí vio el enorme anillo de oro
que tip... tip...
... tip... tip...
En el fondo de la zapatería
está jugando Santina, 9 años,
el patio se comunica
con el de la peluquería La Moderna;
le gusta charlar con Delia,
con Elba Arabarco, que se la pasa tomando huevos pasados por agua.
Después se hamaca en la higuera,
juega en el lavaderito de las peluqueras
donde escucha el ronquido del agua jabonosa que se traga la enorme batea.
—: "...Santina, ¿queré comé una tacada
de sandía?" —le pregunta Juan Sorbello. |